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Jose Méndez (El Gallego) – Año 1930

Escrito por Petroleo, Carlos Alberto Estévez

Sin duda alguna el mejor canyenguista en la historia del tango-danza, aquel que irrumpe la escena bailable, alrededor de los años treinta, estableciendo una nueva corriente del decir original y auténtica, con recursos propios, mostrando una velocidad y justeza, infinita, desbordando en una coreografía inédita, que lo colocan en la cúspide de los bailarines de tango.
De las grandes trenzadas que tuvo en su viejo reducto bailable: La Colonia Italiana, con los añejos orilleros que la frecuentaban, esos duelos eternos, en busca del mejor, de los cuales siempre salía airoso, porque era imposible seguirlo e igualarlo, representando la altura máxima de la creatividad, por sus condiciones naturales, dotes que imponía para danzar, sin esfuerzo aparente.
Pero un día decide abandonar su labor en los escenarios y dejar de danzar, así se lo manifiesta a su amigo Mendieta (Congreve) quien a título de homenaje, organiza una despedida, en el “Maipú Pigall”, aquel que estaba frente al “Marabú”.
En la ocasión para despedir a este fenómeno de la danza, bailaron lo más granado y representativo del mundo de tango a aquellos años: Abrió el acto Mendieta (Congreve) con el viejo tango de E. Pereyra “El Africano” haciendo una creación a la manera “Divito” con un suave caminar elegante.
Después fue al ruedo “Petróleo”, que volcó “Cormme il faut” de E. Arolas, a la manera del cuarenta: giros, piques, voleos, arrastres, incorporando algunos movimientos nuevos.
En tercer lugar lo hizo otro de los grandes de la danza (El Vasquito) J. Orrade que conjugó el antiquismo clásico de Rosendo “El Entrerriano”, haciendo una mezcla de orillero y canyengue, con una justeza y perfección digna de imitarse.
Como Méndez casi siempre bailaba este tema, dirigiendose a mi me dice: ¿y ahora que bailo? la respuestas que le dí, fué diciéndole a Sassano, que era la orquesta que actuaba en el local, maestro toque una milonga para que la baile el agasajado, sin más que este viejo músico, arrancó con “Corrales Viejos” de A. Aieta salió a danzarla Méndez al compás de aquellas notas, que rompían todos los esquemas rítmicos y compadrones.
Salió a bailarla este super dotado de la danza, haciendo una verdadera demostración de como se hace una milonga orillera, terminada esta, fué llevado en andas por todo el salón, por los asistentes, por espacio de diez minutos.
Sin embargo después de esto que era la despedida, siguió un tiempo bailando, hasta que entró a trabajar en el Congreso Nacional, entonces sí que se retiró difinitivamente de la danza, hasta que lo sorprendió la muerte en ese menester.
Sin objeción alguna, fué uno de los grandes cultores que tuvo el tango-danza, su figura se agranda en el recuerdo, de este creador de arabescos originales, por su velocidad inigualada, su ajuste y ortodoxia deslumbrante. C. Estévez

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