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El milonguero

Escrito por Petroleo, Carlos Alberto Estévez

Ególatra por convicción, en el momento en que aprendió a bailar el tango con cierta soltura y dominada una cantidad innumerable de figuras y formas de baile, que lo colocan en un lugar de privilegio dentro de la danza.

Ya se cree el dueño absoluto de los movimientos, que los luce con un tren de superioridad menospreciba, está convencido que es el rey y no se aviene a ninguna reconvención, que te demuestre lo contrario. Porque no es así Ya que es la vista de los dem s la que lo ven y pueden ser árbitros justos, al respecto de la bondad de su danza.

Sin embargo, es indiferente a la opinión de los demás, sale a bailar envanecido de que ostenta galardones del mejor y luce en todas sus danzas la mayor cantidad de arabescos posibles. Está convencido de que haciendo el máximo número de registros o formas, es el mejor.

Sí por ventura, ejecuta un movimiento que es bueno, no lo luce en todos sus bailes, lo reserva para las grandes ocasiones, jamás lo va a enseñar, tiene miedo de que se lo copien y se lo guarda como una carta de triunfo, para jugarla, o mejor dicho, para usarla en el tapete de sus escenarios en el momento propicio.

Al tango, que es un sentimiento transmisible, lo domina en todas sus formas M cual siente la comunicación, que palpita en él y la vuelca con todas sus fuerzas.

En la milonga, siempre que puede, crea un clima de competición estableciendo un duelo silencioso, con los ocasionales asistentes, mostrando sus figuras, con todas sus fiorituras y adornos, amontonando movimientos, creyendo que esta manera es la forma más correcta y exacta de danzar.

Siempre va a danzar temas clásicos, de viejo repertorio rítmicamente bailables, siente la necesidad de mostrarse; muy pocas veces baila para él mismo, porque la ostentación y la vanidad le obligan a hacer movimientos exactos para mantenerse en el nivel superior, colocándose en los primeros planos, poniendo todas sus fuerzas y su empeño para mejorar y superarse.

Será siempre milonguero, porque para llegar a ser bailarín, tendrá que recorrer caminos completamente opuestos.

Carlos Alberto Estévez (Petróleo)

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