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Milonguero viejo

Escrito por Petroleo, Carlos Alberto Estévez

Cuando un bailarín tiene que salir en la milonga a bailar un tango, un tango de esos en que se juega el prestigio adquirido a través de muchos años en el trajinar milonguero.

Voy a narrar omitiendo el nombre de pila y el seudónimo del milonguero. porque no hace al caso para encuadrar las acciones que fue protagonista en la reprise a su círculo:

El hombre de marras se había retirado y ya vuelto a la rueda de mundo bailable, sus amigos que lo hablan sostenido como un ídolo a través del tiempo le piden que baile un tema.

No puede negarse, pero ahí están los que han ocupado su lugar, los que han acaparado sus aplausos o se han arrimado de cerca a su fama.

Y sale a bailar poniendo su prestigio como escudo se busca a sí mismo para encontrar las fuerzas necesarias para superar el evento y no las encuentra.

¿Porqué no las encuentra? Voy a contestar: el tiempo no perdona, en danza nadie se puede detener lo de ayer ya pasó está colgado en la percha del recuerda, hay que avanzar, sino los que vienen detrás nos pasan por arriba.

El bailarín tiene que ceder al empuje del tiempo, no puede sostenerse a través del calendario.

Por eso ese viejo bailarín perdió la partida, porque el reloj dijo no, y la fama, acumulación de elogios y loas. Se desmoronó como un edificio construido. Sobre arenas movedizas.

Que es lo que llevó al bailarín a salir a bailar: satisfacer su amor propio, porque en el fondo no hay más que ello. No tiene otro objeto que el mero hecho de querer ser el mejor.

La fuga del tango coreográfica en la imaginación del bailarín se produce cuando deja un tiempo de bailar.

Las ideas están presentes pero cuando las quiere desarrollar se le embotan, por falta de práctica permanente.

Por eso cuando quiero cotejar los valores de formas al danzar un tango, se encuentra que sus figura son añejas, añadiendo la falta de estado atlético que se requiera para bailar bien.

He ahí porque en la danza se necesita un entrenamiento constante para poder coordinar los movimientos con las ideas.

Si alguna vez se alcanza la cúspide o una altura respetable en este menester, para mantenerse en ese nivel es necesario superarse mentalmente y cuidar su estado físico en base a un entrenamiento ordenado.

De lo contrario lo ocurre lo que lo sucedió a este viejo milonguero.

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