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Erase una vez tango (pero se le fue)

Escrito por Petroleo, Carlos Alberto Estévez

Aquel bailarín famoso en la milonga, aquel que dibujaba arabescos, en cada encuentro con el cuadrado, aquel que diseñaba figuras impecables, aquel que cambió las estructuras coreográficas del tango pretérito, aquel que cuando sufrió el bajón, siguió batallando para mantener lo actualizado en su faz coreográfica teniéndolo al día. Montando una custodia permanente, con un estado de alerta y una vigía sin límites. Ahora que empezó a subir hasta las cumbres, contempla su labor, desde el 11º año, su línea todavía esta presente, un poco desfigurada, por las deformaciones en los movimientos claves, pero igualmente se mantiene en la raíz de las figuras, donde se mantiene intacta, a través del tiempo y del uso.

Como se ha tomado la costumbre de hacerle homenajes, él no los rechaza, son muchos incontables en ellos siempre le piden que baile y lo hace, no con la brillantez de -las décadas pasadas cuando deslumbraba sino modestamente, con un decir sencillo y comunicativo. Pero en la última demostración que le hicieron, salió a la pista. Con una compañera improvisada, al tomar la posición de baile, se dio cuenta que su discurso, se le había ido. El tango se le había evadido. Esto no le había ocurrido nunca,

no sabía que decir, para salir del paso: caminó con justeza, y elegancia, cubriendo así la falta de contenido, ya que no le podía comunicar nada a su compañera y al público menos, ya que la transmisión que necesita el tango, es de ideas, no de formas.

Quiere decir que cuando se le escapa del alma el tango, no se puede bailar, no se puede improvisar una danza hueca, *con movimientos mudos, tienen que tener la raíz de sentimientos para alcanzar las facetas de la emoción y lograr así, un discurso exacto, comunicativo y al mismo tiempo expresivo.

Trance terrible sufrió el bailarín cuando estaba en la palestra, ya que se encontró, que no sabía que decir, si hubiese sido un profesional, saldría del paso fácilmente ya que ellos montan su coreografía anticiapadamente, y la ordenan numerándola, a diferencia del milonguero, que improvisa su discurso inventando movimientos en cada encuentro que tiene con el tango.

Sin el sentimiento fuerza real, en la comunicación tango-hombre, cuando, se evade este sentido, el bailarín se siente perdido, enmudece, reduce su locución al latinismo (nihil) nada.

Al hacerme esta confesión, el bailarín de marrás, me cuenta, que siempre criticó a un colega suyo, por este motivo, creyendo que no existía, pero ahora que lo sintió en carne propia recuerda una sentencia del escritor Anatole, France que reza. así: “Toda acción vituperable, pierde su carácter de tal cuando llega el momento de realizarla” que le cae de medida-

A propósito se llega a la conclusión que las formas en la danza, resultan gratas a los ojos, pero no son fundamentales, lo que vale es el pensamiento, que da fuerza a las formas, haciendo perfecto la interpretación y librando así la comunicación que la idea requiere y que luego llega al público, cuando el bailarín se posesiona y la trasmite.

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